“Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende…
y con cada día uno aprende.”
— Jorge Luis Borges
28 nov 2013
25 nov 2013
Noviembre 25
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

11 nov 2013
El 'desexilio'
En situaciones como ésta, el ser humano tiende a menudo a ser esquemático, intolerante, egoísta. Cuanto más le ha costado atravesar el puente de la duda para llegar a una decisión compleja, más rotundo suele ser con quienes todavía vacilan. Y, sin embargo, ningún exiliado tiene el derecho a resolver por otros, y mucho menos a levantar el dedo admonitorio contra quienes han elegido una solución que tal vez él mismo ha desechado tras varios concurridos insomnios. La nostalgia suele ser un rasgo determinante del exilio, pero no debe descartarse que la contranostalgia lo sea del desexilio. Así como la patria no es una bandera ni un himno, sino la suma aproximada de nuestras infancias, nuestros cielos, nuestros amigos, nuestros maestros, nuestros amores, nuestras calles, nuestras cocinas, nuestras canciones, nuestros libros, nuestro lenguaje y nuestro sol, así también el país (y sobre todo el pueblo) que nos acoge nos va contagiando fervores, odios, hábitos, palabras, gestos, paisajes, tradiciones, rebeldías, y llega un momento (más aún si el exilio no prolonga) en que nos convertimos en un modesto empalme de culturas, de presencias, de sueños. Junto con una concreta esperanza de regreso, junto con la sensación inequívoca de que la vieja nostalgia se hace noción de patria, puede que vislumbremos que el sitio será ocupado por la contranostalgia, o sea, la nostalgia de lo que hoy tenemos y vamos a dejar: la curiosa nostalgia del exilio en plena patria.
Y si no debemos sentirnos culpables por todo lo que recordamos y trajimos con nosotros, así fueran miedos, decepciones, frustraciones, derrota, tampoco debemos avergonzarnos de los recuerdos que hoy estamos construyendo, y que si un día o una noche nos vamos, integrarán nuestra mochila. Aunque se llamen soledades, consuelo, incomprensión, solidaridad, amagos de xenofobia y otros esperpentos y difrutes. No hay que desperdiciar ni malograr las ocasiones de entender el mundo, esa sublime madriguera.
Quizá volvamos (los que volvamos) fatigados, más viejos; quizá también estén más viejos, aunque con otra fatiga, los que allá encontremos y reencontremos, pero estoy seguro de que la reunión nos rejuvenecerá a todos y mutuamente nos rehabilitará para el trecho que a cada uno le reste. Ese es, después de todo, el destino del hombre (y de la mujer), no sólo del exiliado o la exiliada. Es gracias a ese tira y afloja entre lo que se añora y lo que se obtiene, es gracias a esa compensación inacabable, que nuestra memoria y nuestra vida se enriquecen, y nuestra muerte (ese exilio sin retorno ni desexilio) no tiene más remedio que otorgarnos nuevas y fecundas moratorias.

Mario Benedetti.
6 nov 2013
Por quien merece amor.
es el mas olvidado
en su antiguo dolor
mi amor abre pecho a la muerte
y despeña su suerte
por un tiempo mejor
mi amor, este amor aguerrido
es un sol encendido
por quien merece amor...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

